Cantabria

CANTABRIA: ENTRE UNA CAZUELA DE RABAS Y UN COCIDO MONTAÑES

Viajar con bonos de hotel en Cantabria es cada vez más fácil. Playa o montaña. Destinos únicos y al alcance de todos. Parques, cuevas, museos y una gastronomía espectacular para disfrutar en cualquier mes de año. Cantabria cambia en cada estación.
A mi hablar de Cantabria me da siempre hambre. Se come tan bien en esta provincia que sólo de pensarlo me comienzan a sonar las tripas como si no hubiera un mañana.
La playa cántabra me entusiasma. Laredo parece cualquier playa mediterránea por la arquitectura circulante y sus chiringuitos, pero también la rudeza y lo salvaje de Liencres y sus dunas son otra realidad del mismo mar. Eso sí, el agua está fría y no estamos en el mediterráneo así que, al salir del agua, aunque el sol brille y la montaña esté resplandeciente, siempre me vuelve a dar hambre. Es lo que me ocurre con el agua fría. Podría ser peor. Por ahí he oído que a mucha gente cuando sale del agua se le queda arrugadita… Esto lo sé de oídas.
Un fin de semana en Santander, un paseo romántico por Santillana del Mar, medieval y encantadora, una mañana de aperitivos en Santoña, una visita cultural de Comillas y San Vicente de la Barquera, unos potes en Potes, un vino en Castro o una ruta por Argoños en el más absoluto silencio…
En Cantabria puedes elegir si quieres un plan urbano o de playa, de ciudades pequeñas o pueblos con encanto, o monte. Montes y montañas. Cuevas y parques naturales. Y sobre todos sus gentes tranquilas.
El turismo activo y de aventura está cada vez más en alza en toda España y, en Cantabria, podemos decir sin temor a equivocarnos, que está perfectamente organizado, con muchas actividades para disfrutar con la pandilla de amigos o para llevar a los más pequeños de la casa.
Parques naturales como el de Saja-Besaya, las Dunas de Liencres o Cabárceno son joyas por las que, sin lugar a dudas, tendremos que pasar en un momento de nuestra visita a Cantabria Pero tampoco debemos olvidar sus cuevas. Las más conocidas sin lugar a dudas las de Altamira, pero tampoco olvidemos las de Chufín o las de El Castillo.
Unas buenas anchoas de aperitivo, para luego saborear un cocidito montañés o una cazuelita de almejas. Por esta vez no voy a probar las rabas frescas y en su punto que nadie fríe con el arte y la gracia de los cántabros. Y, cómo no, guardando siempre un huequecito para terminar con dulce, aunque esta vez no sé si decantarme por unas quesadas o unos sobaos pasiegos. Una de cada y en paz.
Cantabria me entusiasma. No puedo decantarme por un pueblo ni por una ciudad en concreto. Ni por su mar o su montaña. Todo me gusta y todo los disfruto. Y, lo mejor, viajando con bonos de alojamiento hotelero, no tengo porqué elegir. Puedo volver una y mil veces. Es un destino con precios muy competitivos y con una calidad superior. Si has estado seguro que vas a volver. Si aún no has ido, no lo dejes pasar esta vez. La naturaleza del paisaje de va a sorprender. Cantabria es única.

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