Fuerteventura

FUERTEVENTURA: JANDIA, MORROJABLE: EL PARAISO EN EL FIN DEL MUNDO

Te contamos sobre el destino:

Los que dicen que las playas de Jandía son como las del Caribe es que, ni han estado en Jandía ni conocen el Caribe. Yo, sin lugar a dudas, prefiero las de Jandía, al sur de Fuerteventura, por muchos motivos.

Jandía – o la península de Jandía- está situada en el extremo sur de la isla de Fuerteventura. Se trata de una de las tres grandes penínsulas con las que cuenta el archipiélago canario, junto con la de Anaga (en la isla de Tenerife) y la Isleta (zona militar de Gran Canaria).

Fuerteventura en general – pero muy especialmente esta zona sur- no es un destino para hacer grandes actividades, sino más bien, para conocer el paisaje interior, para mirar con detenimiento, para observar. La comida, de la que ahora hablaremos, los buenos hoteles – muchos profesionales dicen que son con diferencias los mejores de España estando ya estos a la cabeza mundial- y el clima, tranquilo y estable durante todo el año, hacen de la zona, de esta tierra de cabras, una de las más bellas del mundo, con una luz especial, con unas montañas peladas, abruptas y que, de tan interior, puede dar vértigo. El turista que va a Fuerteventura sabiendo que es el fin del mundo, el relax absoluto, la paz y las actividades acuáticas, siempre se vuelve.

Playas infinitas, de arena blanca, para textiles y nudistas, para familias y para parejas, más tranquilas o ventosas (para practicar windsurf) y todas bañadas por un atlántico con muy poca profundidad en todo el contorno de la isla. Y lo más importante, da igual por donde decidas acceder a cualquiera de estas imponentes playas, todas cuentan con duchas e instalaciones para el baño después del día de playa.

Pero también permite hacer surf, windsurf o kitesurf –de hecho la isla ha acogido los mundiales de este deporte-, buceo, alquilar un barco para dar la vuelta a la isla o bien recorrer en un coche los pueblos del interior. Museos como el de la Sal, el de Arte Canario, el Museo del Aloe Vera o el de Arte Sacro, son algunos de los más destacados. Pequeñas instalaciones con muchísimo encanto y la amabilidad típica de la gente del lugar.

Del majorero sólo podemos decir cosas buenas. Amable, con don de gentes –de hecho llevan mucho tiempo recibiendo gente- y con la sabiduría que da en cierto modo el alejamiento de las grandes urbes. Reciben al viajero con esmero, encantados de hacerle vivir su tierra como una experiencia única.
Comer en Fuerteventura es una delicia y se consigue con un precio muy bajo. Papas arrugadas con mojo, gofio escaldado, caldo de pescado, cherne –pescado maravilloso- o las más conocidas viejas –otro pescado típico de las islas-, la ropa vieja, el queso majorero…Es que sólo recordarlo me produce una sonrisa.

Si te alojas en la zona de Jandía te recomendamos un pequeño restaurante, en primerísima línea de playa, llamado LA LAJA. Jandía se une al pueblo de Morrojable al que llegas andando por la avenida principal que recorre la playa. Y al final, sobre una roca y con ventanas al mar, está este templo de la gastronomía canaria, donde podrás disfrutar de estos y de otros platos de la gastronomía de la tierra.

Y, no podemos olvidarnos del alojamiento, un sector al que llevamos dedicándonos mucho tiempo y que conocemos perfectamente. Como ya dijimos Fuerteventura cuenta con muchos de los mejores hoteles de España, pero lo mejor es que, cualquier hotel de tres estrellas, es perfecto, está cuidado y cuenta con la atención idónea para cualquier tipo de cliente.

Los majoreros son buenos anfitriones y sus hoteles están repletos de profesionales que rozan la excelencia. Desde el SBH Jandía Resort, un complejo de apartamentos de tres estrellas con unas vistas al mar dignas de un cinco estrellas, pasando por un Barceló Jandía Playa, con buenas instalaciones, buenas vistas y un plan perfecto de todo incluido, hasta llegar a un hotel maravilloso y recóndito, algo más alejando, en la playa de los Gorriones, el Melia Gorriones, un lugar donde la naturaleza lo es todo, pero donde la construcción y el entorno conviven en perfecta armonía.

A Fuerteventura siempre vuelvo y no es sólo por el tiempo, la playa y la comida. Vuelvo por la paz con la que regreso, por el cielo, por la tierra yerma, por las cabras en las montañas peladas…

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